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Viaje a Machu Picchu, Cuzco-Arequipa

Después de haber cumplido el máximo objetivo del viaje, luego de regresar de Machu Picchu, nos quedamos un par de días más en Cuzco. Luego comenzamos el regreso. Desde allí tomamos un colectivo a Arequipa.

Antes de salir compramos provisiones para el viaje. Recuerdo haber comprado dos leches chocolatadas larga vida. Lo que no compramos fue mucha agua. El viaje fue tal vez el viaje más movido de mi vida. Era una coctelera constante. Es así que por la mañana cuando quise tomar un medicamento, y al no tener agua, abrí la última chocolatada. Yo no sé si fue mala suerte o qué pero, me meto la pastilla, abro la leche, le meto un trago, y ¡¡¡estaba cortada!!! Siempre lo atribuimos al movimiento del colectivo por toda la noche.

Ciudad de Arequipa.

Es así que llegamos a Arequipa. Una ciudad muy distinta todo lo que habíamos vista. Bien amplia, de colores claros, otro aire. En Arequipa nos quedamos solo una noche, antes de seguir viaje a Tacna, la última ciudad peruana antes de Chile.

Puesto fronterizo chileno.

En la terminal de Tacna, contratamos un taxi para cruzar la frontera a Arica. Ese tramo fue glorioso. Después de tantos días en la cordillera de los Andes, humedad y frío, llegabamos al desierto de Atacama y al mismo tiempo al océano Pacífico.

Además el taxi era un auto americano, de esos enormes, con música y el viento del mar por las ventanillas, inolvidable. En Arica una parte de los chicos con los que viajábamos se separó ya que se venían directo en un colectivo hasta Córdoba. Nosotros con el resto, no íbamos a San Pedro de Atacama.

Es así que pasamos todo el día en la playa, hasta la noche que salí el colectivo. Después de tantos días inmersos en la cultura andina y del altiplano, nos sentíamos en un lugar mucho más afín a nuestra cultura. Así que estábamos muy contentos. Nos metimos al mar, ahí me terminé de curar de las anginas que tenía desde Bolivia y la pasamos muy bien.

Océano Pacífico en la ciudad de Arica.

Es así que por la noche partimos otra vez hacia la cordillera de los Andes. El viaje fue muy tranquilo salvo por un frontera sanitaria del algún tipo, que nos obligó a bajar del micro en la madrugada.

A la mañana temprano estábamos en Calama, desde allí salía el colectivo a San Pedro. Estaba todo cerrado, así que dimos una vueltas hasta que abrieron los negocios, compramos provisiones, sobre todo gas para cocinar.

Calama, muy temprano en la mañana.

Llegamos a San Pedro, en el corazón del desierto de Atacama. Los precios del pueblo era exorbitantes, en relación a lo que veníamos acostumbrados. Es así que fue la única vez que usamos la carpa que habíamos traído hasta ese momento al vicio. Conseguimos un camping muy rústico y ahí nos instalamos. La carpa era para 3 pero éramos 4. Por suerte de noche hacía mucho frío en el desierto.

El pueblo era irreal, estaba plagado de extranjeros. Había muchos bares, y por la tarde se cortaba la luz hasta el otro día.

San Pedro de Atacama.

Al no ser grande, recorrimos el pueblo en poco tiempo. Era muy vistoso y primitivo.

Iglesia de San Pedro de Atacama.
Interior de la Iglesia de San Pedro de Atacama.

No pudimos ir a los geíseres del Tatio, ya nos quedábamos sin plata y Chile nos resultaba caro. Así que decidimos poner fin al viaje y solo volver a casa.

Feria artesanal de San Pedro de Atacama.

Estuvimos solo una noche, al otro día nos separamos finalmente de los otros chicos con los que viajábamos y seguimos solos la última etapa del viaje.

Fuimos a la salida del pueblo temprano para ver si podíamos conseguir algún camión que nos lleve hasta Argentina. No tuvimos suerte. Terminamos consiguiendo un colectivo que venía en tour de compras hasta Iquique. El mismo nos cobró u$s 5 por cada uno. Y después de un rato ya estabamos en camino.

Allí hay una gran cuesta de muchos kilómetros. Pensábamos que el colectivo no iba aguatar, por suerte aguantó. Se terminó el asfalto y entramos a Argentina. Ahí nos contaron que en esa zona había minas personales puestas por los ejércitos en las épocas de conflictos entre Argentina y Chile.

El camino del lado argentino estaba en obras. Así que tardamos mucho tiempo hasta llegar al puesto de control argentino. Ahí nos bajamos a que nos sellen la entrada. Y comprobamos con asombro, como los choferes de camión paraguayos que estaban esperando cruzar, no sabían ni leer ni escribir, y manejaban por nuestro territorio. Traían principalmente autos usados desde Asia. En Argentina está prohibida la importación de autos usados.

Paso de Jama.

Debido a los días que habíamos pasado en la altura, no tuvimos ningún síntoma de apuntamiento al cruzar el paso de Jama. Este paso tiene zonas de más de 4000 msnm.

Finalmente llegamos a Susques, ahí el coordinador del colectivo nos hizo bajar. No nos quiso llevar más. Así que nos quedamos regalados en el medio de la Puna argentina. Por suerte averiguamos que por ser viernes, venía un colectivo a buscar a las docentes que regresaban a Jujuy, así que tomamos un colectivo semi vació que nos llevó a través de la quebrada de Humahuaca hasta Jujuy.

Vista de la ciudad de Susques. Argentina.

Llegamos tarde a Jujuy, no me acuerdo bien en donde nos bajó el colectivo, pero tomamos un taxi y les dijimos que nos lleve a un buen hotel. Estábamos demolidos. A mí se me partía la cabeza. Así que por primera vez en días dormimos en un buen hotel. De allí nos fuimos a comer una parrillada. ¡Cómo extrañábamos la carne! Estábamos reventando la poca plata que nos quedaba.

Plaza principal de la ciudad de Jujuy.

Después de dar una vueltas por la ciudad, decidimos ir a hacer dedo para ir volviendo. Nuestro fuerte no es hacer dedo. Así que después de perder toda la mañana nos fuimos a la terminal de ómnibus para tomar un pasaje directo a Córdoba.

Allí nos encontramos con un amigo que por algún motivo que no recuerdo también estaba esperando un colectivo. Esperamos toda la tarde, hasta que el micro salio para Córdoba. Llegamos por la mañana a la terminal. De ahí nos tomamos otro micro hasta Valle Hermoso.

Había terminado mi único viaje de mochilero. Si bien nunca logramos viajar sin pagar, las mochilas pesaban un montón.

En la terminal de Jujuy nos encontramos con Javier, un amigo de Valle Hermoso.
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Viaje a Machu Picchu, Cuzco

Después de varios días de viaje habíamos llegado a Cuzco. Ese era nuestro objetivo principal, ya que de allí salen las excursiones a las ruinas de Machu Picchu. Cuzco siempre fue una ciudad importante, desde tiempos prehispánicos ya que era la capital del imperio Inca. Actualmente hay muchísimas ruinas de incaicas, pero sobre todo en el centro de la ciudad las mismas quedaron de bajo de las construcciones de los conquistadores españoles.

Luego de bajar del colectivo que nos trajo de Puno, nos alojamos en un hostel que no nos gustó, por lo que solo estuvimos una noche, luego nos mudamos, después de dar varias vueltas por la ciudad, a un hostel que nos gustó por su ubicación. Los hostel no eran caros, lo que sí como en todos los que vimos en el viaje, el agua caliente era muy limitada. En todos lados las duchas eran eléctricas, y no eran un termotanque, sino que la resistencia estaba en la misma ducha. Un peligro y aparte nunca calentaban mucho, no eran eficientes.

Plaza de armas de Cuzco.

En ese hostel nos quedamos una semana. Durante ese tiempo conocimos la ciudad, tomamos algunas excursiones, jugamos a las maquinitas tragamonedas, salíamos de noche y paseabamos todo el día.

Callecitas de los barrios más típicos.

Cada vez que nos aburríamos no íbamos a las maquinitas, creo que en lineas generales ganamos más de lo que perdimos. También visitábamos mucho los mercaditos donde vendían artesanías. Nos compramos un montón de pullóveres de lana.

La noche en Cuzco era muy intensa. Muchos extranjeros de todo el mundo y muchos pubs o bares. Me hizo acordar a Nueva Córdoba, muchísima vida nocturna para todos los gustos.

Foto Soda Stereo en el convento de Santo Domingo.

Desde Cuzco se pueden hacer muchas excursiones. Para ello hay un boleto turístico que incluye todas las entradas y el transporte. En este punto solo mostraré fotos, ya que ni ese momento supe el nombre de las ruinas y sitios que visitábamos. Además en la misma ciudad hay museos, iglesias y muchos otros atractivos.

Ruinas arqueológicas.

Apenás pudimos nos pusimos a averiguar como ir a Machu Picchu, originalmente nuestra idea era hacer el camino del Inca, pero nos dio mucha fiaca. Era una caminata de varios días y no daba. Yo me estaba recuperando de unas anginas que me agarraron después del frió que me dio mojarme en el lago Tiquitaca. Ahí conocí los medicamentos genéricos que en Argentina aún no había.

La cuestión es que realmente el precio del viaje a Machu Picchu, por un momento nos hizo dudar, ya que costaba más de lo que habíamos gastado hasta el momento. En todo el viaje gastamos u$d 400 y esa sola excursión costó u$d 180. Finalmente pagamos y tuvimos los pasajes y las entradas. En definitiva a eso habíamos venido.

En Aguas Calientes antes de ascender a Machu Picchu.

El tren iba hasta la localidad de Aguas Calientes. De allí se accedía al sitio arqueológico. Es un viaje a través de las montañas. Todo muy verde, muchas comunidades al costado de las vías. Espectacular. Probamos un choclo muy dulce, con granos muy grandes, riquísimo.

Río de Aguas Calientes.

Desde Aguas Calientes, se debía cruzar un puente sobre el río del mismo nombre. Nunca había visto un río tan violento, era una locura el ruido que hacia por la fuerza del agua. La excursión incluía el transfer hasta el sitio. Por fin habíamos llegado. No voy a ser yo quien descubra la majestuosidad de Machu Picchu, solo diré que es un destino imprescindible para el viajero.

Machu Picchu.

Interior del sitio.

La excursión toma todo el día, así que llegamos tarde en la noche a Cuzco. Lo que más demora es el viaje de ida y vuelta en tren. De todos modos el mismo viaje es un experiencia espectacular en sí mismo. El tren tiene algunas paradas intermedias, sobre todo a la ida.

De ahora en más, si bien nuestra idea original era ir a hasta Lima, emprenderíamos el regreso a Argentina. De aquí nos iríamos a Arequipa.

 

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Viaje a Machu Picchu, La Paz – Cuzco

En nuestro periplo a Machu Picchu (su comienzo está en este link), hicimos la primer parada importante en la ciudad de La Paz. Capital de Bolivia. De allí iríamos lo más directo posible a Cuzco.

Después de que se nos pasaron los síntomas de la puna, arrancamos a conocer la ciudad. Recuerdo que se nos rompió la máquina de fotos. En esa época las cámaras usaban rollo. Así que tuvimos que hacer un gasto inesperado, comprar una nueva cámara.

Lo que más me impacto de la ciudad, fue el Mercado de las Brujas. El mismo quedaba sobre una calle secundaria, y en realidad no brujas, sino insumos para rituales. Por mala suerte el día que fuimos no era el día de mayor concurrencia y no había muchos puestos abiertos. Pero de todos modos ver los fetos de llama, pociones, ranas secas,  y las plantas medicinales utilizadas por los yatiris (chamanes o brujos) en los rituales de Los Andes, es una experiencia potente.

Mercado de la Bruja. La Paz.

Después de todos los días de estar en la ruta comiendo comidas típicas, lo más conocido que vimos a nuestra comida fue un Mc Donalds. Era mucho más caro que cualquier otra cosa, pero nos metimos corriendo.

Pasamos mucho tiempo descansando en el hostel y yendo y viniendo a la plaza principal que quedaba cerca. La plaza rebosaba de vida. Las bebidas y alimentos se vendían a raudales y sin ninguna norma sanitaria, por los vendedores callejeros. Era tal la diferencia respecto al cuidado de los alimentos que nos impactó profundamente. Al igual que el gran uso de los espacios públicos por parte de la población.

Plaza principal de La Paz.

El hostel donde nos alojamos, estaba ubicado en una antigua casona reformada, como éramos 6, teniamos una pieza privada para nosotros solos. El único detalle era que el baño no tenía puerta sino una cortinita. Hay fotos de eso pero son estrictamente privadas.

En el hostel había más turistas argentinos, así que de ahí surgió la posibilidad de alquilar una combi que nos llevara hasta el lago Tititaca y luego nos dejaran en Puno, ya del lado de Perú, para seguir viaje a Cuzco. Es así que salimos para la ciudad de Copacabana a orillas de lago navegable más alto del mundo que es compartido por Perú y Bolivia.

De La Paz a Copacabana

Antes de subir a la lancha en Copacabana.

A pesar de ser verano hacía bastante frío y el clima esta muy inestable. Después de que la combi nos dejó, tuvimos que tomar una lancha muy rudimentaria que nos llevó hasta la isla del Sol. La lancha anduvo largo rato antes de llegar a la Isla del Sol.

Escalera en la Isla del Sol.

La Isla del Sol es muy accidentada, por lo que llegar desde el puerto hasta el poblado requería subir unas escaleras muy empinadas y largas. Es la segunda vez que quise abandonar mi mochila. Pero finalmente no lo hice, y después de una larga agonía llegamos al destino.

La isla tiene dos sectores, el Norte y el Sur. En el Norte se encuentran las ruinas arqueológicas. Nosotros buscamos alojamiento en el sur.

Vista parcial de la Isla de la Luna tomada desde la Isla del Sol.

El precio que pagamos la habitación es inolvidable. Pagamos un peso cada uno, y lo hicimos con monedas de un peso argentino. Está bien que la habitación no tenía baño privado. En vez de cerradura tenía un candado. No tenía interruptor de luz, y a la lamparita había que desenrroscarla para apagarla. El baño quedaba afuera y se limpiaba con el agua de un tacho de 200 litros. Todo el poblado estaba muy embarrado. Eran pequeñas callecitas bordeadas por pircas de piedras y viviendas muy sencillas. Esa noche hizo un frío terrible. Al otro día estaba todo congelado.

Construcción típica de la Isla del Sol.

Como el sector norte quedaba medio lejos, contratamos entre varios una lancha que nos lleve hasta los sitios arqueológicos y luego nos regresara a Copacabana. Llovía mucho. Hacía frío. Pero en un kiosko del sector norte encontré un teléfono del que pude llamar a mi casa. En esa época eso era increíble.

Caminamos, nos mojamos y conocimos las ruinas. Luego volvimos a la lancha. El lago estaba realmente picado, todo se movía y entraba lluvia por todos lados. En esos días se me pudrió el pantalón vaquero y se me desarmaron las botas de trekking. Pero finalmente llegamos para el almuerzo a Copacabana. Después de unas discusiones con quienes nos tenían que llevar a Puno, comimos en un lugar muy lindo, algunos probaron ceviche, pero nosotros con Lucas, cuando no la teníamos muy clara comíamos la comida que más cocción tuviera. En ese caso la carne estaba durísima, pero algunos de los que comieron pescado terminaron intoxicados.

De allí cruzamos la caótica frontera entre Bolivia y Perú. Después de conseguir transporte a Cuzco, tuvimos que esperar un buen rato. Estábamos más cerca de Machu Picchu.

Lucas y yo con el resto del grupo que se había armado en Yacuiba.

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Viaje a Machu Picchu, Córdoba-La Paz

Siempre hay un viaje que es imborrable, puede ser o porque es el primero o por que es espectacular, o una combinación de ambas cosas. Otra opción es que sea porque cada viaje es único. Este viaje por tierra a Machu Picchu tiene todos los condimentos para ser inolvidable.

En un parador en la ruta.

Llegar a Machupichu por tierra desde Córdoba

El principal objetivo de este viaje era conocer las ruinas de Machu Picchu. El viajes que hicimos con mi amigo Lucas cuando teníamos 19 años por Bolivia y Perú fue sin dudas emblemático por varios motivos.

Este fue el primer viaje que hice sin ningún familiar ni adulto a cargo. Eso ya supone una sensación de libertad indescriptible para cualquier persona y más para a quien siempre le gustó la idea de viajar. Visto a la luz del tiempo, hoy me parecería medio peligroso que dos chicos se lancen a hacer este tipo de viaje. Recorrimos 6300 km en casi 21 días.

Hasta ahora nunca más volví a hacer un viaje de mochilero, este fue el primero y el único. La forma en que viajamos fue diseñada en base a relatos de otros viajeros y teniendo en cuenta nuestra economía. En en el verano del año 2000, en Argentina aun existía la convertibilidad, es decir un peso un dolar. Hicimos todo el viaje sin tomar ningún avión, saliendo desde Córdoba y gastando aproximadamente u$d 400 en todo el viaje cada uno. Claramente otros tiempos.

Córdoba-Pocitos

Salimos de la terminal de Córdoba, mi mamá nos fue a despedir. Subimos a un colectivo que había averiguado Lucas. Hacía el trayecto Córdoba-Pocitos (pasaron muchos años hasta que me enteré que Pocitos en realidad el la localidad de Salvador Mazza). Es así que salimos para Salta. Del lado boliviano la localidad también se llama Pocitos, pero ahora sé que su nombre formal es Yacuiba.

El pasaje del colectivo debe de haber tenido no más de 10 pasajeros, iba prácticamente vacío. Viajaban además 4 chicos con los que nos hicimos amigos y haríamos gran parte del viaje.

Es así que a la mañana siguiente, estábamos en Pocitos.  Nos bajamos del micro, cargamos las mochilas (cargadas de muchas cosas innecesarias) super pesadas que llevábamos y nos dirigimos al puesto de migraciones. Pasamos rápidamente y cruzamos el puente que separa Bolivia de Argentina.

Ahí comenzó el Shock cultural. Del otro lado nadie nos paró ni controló. Solamente nos abordó un uniformado para vendernos un bono contribución. Es así que seguimos caminando hasta encontrar un taxi que nos llevó a Yacuiba.

Cartel para los pasajeros que llegan al parador.

Yacuiba-Santa Cruz

Una vez en Yacuiba nos hicimos amigos de estos 4 chicos que iban a Santa Cruz, nosotros teníamos el plan de ir a Potosí, pero por más que se planifique hasta el detalle, hay que acostumbrarse a la idea que planificar solo sirve para tener una idea de qué queremos hacer. Más allá de eso, cualquier plan puede durar lo que tarde en llegar el primer cambio de planes. Tal vez el shock cultural nos hizo decantar por viajar con un grupo más grande.

Luego de comprar el pasaje, nos dimos cuenta de que no teníamos sellado el ingreso al país. Así que nos tomamos otro taxi para volver a Pocitos al puesto de control boliviano. Y claro, cuando habíamos cruzado el puente, habíamos pasado por ese lugar pero no le habíamos prestado atención, así que entramos nos sellaron los pasaportes y volvimos a la terminal.

Los colectivos viajaban con mucha gente que no tenía asiento.

Ahí nos daríamos cuenta de que los colectivos no tenían horario de salida, salían cuando se llenaban. En esa época Bolivia prácticamente no tenía rutas asfaltadas, así que el camino de casi 600 km se hacía por camino de tierra. Sumándole que en tampoco había puentes carreteros, por lo que en para cruzar los ríos se utilizaban los mismo puentes del ferrocarril. Y por la velocidad a la que cruzábamos esos largos puentes me parece que no estaban en desuso ferroviario.

Es así que después de un viaje interminable, paradas varias y un paisaje espectacular, llegamos muy tarde en la noche a Santa Cruz.

En Santa Cruz, conseguimos habitaciones en una pensión. Comimos por primera vez sentados en una fonda cercana. Y descubrimos que el arroz estaba presente en todas las comidas. Cuando volvimos a la habitación cerramos muy bien las ventanas ya que había muchas ratas en los techos colindantes.

No nos quedamos ni un día en Santa Cruz, de allí tomamos un colectivo a Cochabamba. Nuestro objetivo se había vuelto llegar cuanto antes a La Paz.

Santa Cruz – Cochabamba – La Paz

Esta parte del viaje siguió de la forma más rápida que pudimos. Viajeros relámpago, hasta ese momento era todo lo contrario a un viaje tranquilo. Llegamos a la terminal de colectivos de Cochabamba a la noche.

Compramos pasaje para La Paz y nos fuimos comer en la misma terminal. Esta vez casi perdimos el colectivo, porque como estaba todo el pasaje pago, el colectivo salió antes de la hora prevista. Es así que lo tuvimos que correr por las plataformas y lo alcanzamos antes de que salga a la ruta. Allí los choferes nos obligaron a comprar un asiento extra que quedaba vacío, ya que llevábamos nuestras mochilas con nosotros y no en la bodega.

A la mañana siguiente ya estábamos en La Paz. Ahí entendí que lo de la puna era verdad, no podíamos ni caminar, las mochilas nos pesaban como una montaña y la cabeza se me partía. De alguna manera coneguimos lugar en un hostel a media cuadra de la plaza central. Nos quedamos quietos por primera vez en días, luego de viajara por caminos de ripio, en colectivos muy extraños.

La tripulación de los colectivos llevaba herramientas para arreglar el camino. Palas y picos. Además el conductor y ellos iban en un compartimento separado, y parecía que iban todos de fiesta. No sé si no iban tomando alcohol.  Nosotros íbamos todos juntos al fondo. Y si bien no viajamos nunca con animales adentro del colectivo, éramos un montón de personas, ya que por cada haciento a veces había hasta 4 personas entre adultos y menores. Calor humano. Por suerte Lucas llevaba un Lisoform (desodorante anti-bacterial) que usábamos al subir al colectivo.

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Un viaje a Siria

Siria es un país siempre presente en el imaginario argentino. Seguramente que eso se debe a la inmigración siria a nuestro país que arrancó en el siglo XIX, continuó durante la primera mitad del siglo XX y resurgió en el siglo XXI. Un viaje a Siria, sirve para rescatar los mejores recuerdos de este país.

Históricamente cuando se pensaba en Siria, se pensaba en aquel país lejano que habían dejado atrás estos inmigrantes. Que acá, se los bautizó con el apodo genérico de turcos, un error garrafal aceptado tal vez por el grado tolerancia de nuestro país, para lo bueno y para lo malo, ya que los turcos eran quienes habían conquistado su territorio y empujado a toda esta gente al exilio. Lamentablemente, en la actualidad, la visión sobre Siria cambió, debido a la guerra civil y al terrorismo que se desarrolló en su territorio.

Hoy no está clasificado como un lugar seguro para viajar y es prácticamente imposible conseguir una visa. El turismo es nulo. Pero en el año 2009, ninguno de estos problemas impedía conocer un país esplendido (salvo la pandemia de influenza). Es así que conseguí la visa en Buenos Aires, me puse en contacto con mis parientes sirios, y salimos para allá.

Por cuestiones debidas al programa integral del viaje, llegamos a Siria, de una manera un poco común, ya que lo hicimos por tierra, y por la frontera con Jordania. Los hicimos en un colectivo de línea. Y ya desde que nos subimos en Amman (Jordania), empezamos a recibir la hospitalidad siria, ya que una familia que viajaba frente a nosotros nos convidó comida, así de la nada.

En esa época vivíamos la pandemia H1N1, y en pleno desierto, ya del lado sirio, nos tomaron a todos la temperatura con un termómetro de oído. Bajamos a sellar nuestro ingreso, había una ventanilla sola para extranjeros, se demoró bastante en atendernos, pero el colectivo espero sin ningún problema a que terminaran el control.

Es así que llegamos a Siria, la verdad es que nunca supimos en donde nos dejó el colectivo. Parece ser que no había terminal de ómnibus y nos dejó en una avenida muy concurrida. Ahí, justo se nos ofreció un taxi a llevarnos, y como ya teníamos elegido un hotel de la guía de viajes, nos llevó hasta allá, en el centro de Damasco. Tiempo después, el taxi me hizo acordar a esos autitos que se usaban en la Alemania comunista.

En el hotel conseguimos una habitación muy buena, y nos alojamos unas tres noches. Desde allí nos pusimos en contacto con la familia, que nos vendría a buscar en unos días al hotel. Es así que nos dedicamos a conocer la ciudad de Damasco.

La fisonomía de la ciudad era muy distinta a las nuestras occidentales, casi no había propagandas, ni carteles, ni marcas occidentales ni de comida, ni de café ni de consumo en general. Por lo que resultaba bastante única a la vista.

Sin dudas el mayor atractivo de la ciudad, es su Ciudad Vieja, un conjunto de construcciones antiguas en los que había una intensa vida comercial ya que funcionan bazares y todo tipo de negocios. Es un lugar espectacular, ya que además también hay muchos edificios históricos de interés.

Después de estar unos días solos por la ciudad, caminando, tomando café, conociendo restaurantes y comiendo la exquisita comida callejera, nos vino a buscar Radwan (primo de mi papá), quien nos llevo a conocer más en profundidad la ciudad. Es muy grande la diferencia de conocer una ciudad con alguien que la conoce tan bien. Además Siria es un lugar ideal para viajar lento.

Es así que conocimos la heladería más famosa, en la que se sirve un solo gusto de helado, hay mesas largas para sentarse y vasos de agua. También conocimos importantes monumentos religiosos tanto musulmanes como católicos.

Cuando uno realiza un viaje a Siria por primera vez, seguramente se llevará una de las mayores sopresas del mundo, debido a todas nuestras diferencias pero también a nuestras similitudes.

Más historia de la visita a la ciudad de Damasco, la estadía en Bagdad Cafe y los días viviendo en el pueblo de mi familia quedan para otro día.

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Slow travel, de qué se trata

¿Qué es slow travel? de qué se trata. La traducción más literal a nuestro idioma sería viaje lento. Es un concepto que nació como respuesta a los viajes maratónicos y de la mano de la filosfía del slow life o vida lenta. Una buena traducción sería: Viajar sin prisa.

¿Por qué nace el slow travel?

Históricamente existe la idea de que en un viaje hay que conocer la mayor cantidad de cosas posibles. Se entiende por conocer estar en un lugar y sacar fotos. Es así que en un viaje de 15 días uno está en 15 ciudades, arma 15 veces el equipaje, sube 30 veces a un colectivo y termina muerto. Ese concepto de lo que es conocer ha llevado a muchísimas personas a volver super cansadas de los viajes y más estresadas de lo que fueron.

Además, la preparación del viaje también puede hacerse de manera lenta o de la manera clásica. Muchas veces armamos la valijas justo el mismo día en que salimos, con el consiguiente stress y que además cuando salimos, vamos pensando en que nos estamos olvidando de algo. Además cargamos con mil cosas que no vamos a usar y que nos van a molestar todo el viaje.

En contra posición a esta forma de viajar es que nace el movimiento slow travel, tomando la filosofía que nació con el slow food en el año 1986 con las premisas de defender una buena alimentación, los placeres de la mesa y un ritmo de vida «slow». Esto es fácilmente extrapolable al viajar.

Viajar sin prisa

Tomando como base al slow food, es sencillo definir los parámetros del slow travel. La idea principal es hacer todo lento, de manera de poder disfrutar de cada momento. Y cuando se dice lento, no significa perder el avión, sino llevar adelante un viaje que no requiera de correr de un lugar a otro.

Tomarse el tiempo para contemplar el paisaje sentado en un café o una plaza, poder sumergirse y empaparse de la cultura de cada lugar y por sobre todas las cosas, conocer de verdad los lugares.

Viajar de esta manera requiere de un cambio de actitud, pero vale la pena, porque a la vuelta de un viaje va a ser muy difícil tener esa sensación de que vimos mucho pero no conocimos nada. Cuando volvamos de un viaje sin prisa, tendremos la sensación de haber conocido realmente un lugar. Aunque esto signifique saber todo lo que nos quedó sin conocer.

Cómo viajar lento

Primero que nada es muy difícil hacerlo en un tour organizado que visita muchas ciudades en pocos días. Así que lo ideal es viajar por su propia cuenta. Sé que no siempre se puede y que aveces es poco práctico y anti-económico si se quiere viajar con el concepto de estar en muchos lugares en poco tiempo. Es así que lo ideal es viajar por cuenta propia, o en un tour slow travel.

Programar bien los horarios de los transportes, que no sean ni muy tarde ni muy temprano, para evitar madrugar y andar en horarios peligrosos. De esta forma bajamos el nivel de stress que supone llegar o irse de algún lugar.

Elegir las ciudades o destinos, en los que podamos estar como mínimo 3 noches, esto también es variable en función del tipo de destino y sus características. No es lo mismo Roma que Cataratas del Iguazú, Roma es una ciudad enorme con innumerables atractivos, mientras Iguazú tiene una atracción principal única, por lo que se puede hacer en menos tiempo.

Elegir los lugares de hospedaje con el concepto de poder volver siempre que uno quiera para descansar. Y no tener que estar horas y horas sin lugar para recuperar fuerzas.

Otra cuestión necesaria es la de informarse y estudiar mucho sobre el destino, o contratar un guía local que es lo más fácil. Esto es fundamental para poder lograr una inmersión cultural más completa. Podrá conocer cosas que nunca imaginó. Muchas veces los taxistas pueden ofrecerse para esta tarea, pero de ser posible elegir un guía profesional. Puede leerse un ejemplo propio de un viaje que realicé hace tiempo.

Hay muchas técnicas para viajar más tranquilo y con menos stress, pero eso es para otro artículo, aquí solo quería hacer una introducción a esta forma de viajar.

No imponerse un programa estricto, dejar que fluya es una de las claves para sorprenderse. Siempre dejar algún tiempo sin planificar. Seguro que surge algo que ni esperabas.  Es muy sabia esa frase que dice que lo importante no es el destino sino el camino que se recorre para llegar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Pandemia

Atravesando LA PANDEMIA, es que un día se me ocurrió poner por escrito todas aquellas reflexiones e ideas que se me cruzan diariamente por la cabeza.

Hoy ya hacen más de cuarenta días que el mundo cambió. Desde aquel momento en que se decretó la cuarentena he retomado varios hobbies, y éste, el de escribir un blog es una de esas ideas que no había llevado a la práctica. Un intento por adaptar los hábitos a la nueva normalidad.

Pero los verdaderos cambios, serán aquellos que trasciendan a este momento de coyuntura, y no me refiero solo a lavarse bien las manos o estornudar en el brazo. Me refiero más que nada a la conciencia de lo que uno puede hacer por si mismo, más allá de evitar la transmisión del virus quedándose en su casa. Sino que uno puede cocinar, puede hornear pan, hacer pasta, descubrir las propias capacidades ocultas por una sociedad de consumo que fue la que nos trajo hasta acá.

En todos los medios se afirma que el mundo cambió, pero pienso que los verdaderos cambios están por venir. Es muy fácil decir que algo cambio, como por ejemplo ahora todos llevamos barbijo, o como que en vez del clima, en la TV se pasa el numero de muertos por país.

En todos los medios se afirma que el mundo cambió, pero pienso que los verdaderos cambios están por venir. Es muy fácil decir que algo cambio, como por ejemplo ahora todos llevamos barbijo, o como que en vez del clima, en la TV se pasa el numero de muertos por país.

Así mismo el descubrimiento de muchos de que los estados son completamente necesarios, de que el sistema capitalista neo liberal es el que nos trajo hasta acá y que no nos pudo sacar. Por que ya es obvio que el sistema ni siquiera cuida a sus consumidores ni a sus trabajadores, solo genera concentración de la riqueza. Y esa riqueza no se traslada al estado. Y eso fue lo que nos paso. Tan simple como que el dinero está en cuentas de guaridas fiscales y no en los organismos encargados de la salud pública.

Es así que la nueva normalidad, espero, sea completamente distinta a la anterior. Que la población entienda que los estados los estados son la única alternativa, que los mismo cuenten con los recursos necesarios, que la forma de explotar al planeta no tiene sentido ya que la calidad de vida de la población no mejora, que exista justicia social que garantice el acceso al libre pensamiento y los derechos básico y elementales para todos.

Si esto sucede, esta pandemia no habrá sido en vano y el mundo tendrá una alternativa.