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Fantasmas, estado y pandemia

Está el mundo de los vivos, aquellos que tienen su economía en blanco o al menos un gran porcentaje, y el de los muertos, aquellos que no tienen economía directamente. Sobre estos dos grupos es que actúa el estado, olvidando u obviando que existe una tercera categoría, los fantasmas. Lamentablemente la pandemia afecto a todos por igual. Y en el contexto del año 2020 haremos pie en la relación entre fantasmas, estado y pandemia.

Sí, los fantasmas, aquellos que tienen la mayor parte de su economía sin formalizar, y que según las estadísticas componen una importante parte de la población. Y sino le creen a las estadísticas, piensen en las personas que conozcan y saquen su propia conclusión.

Los fantasma pueden ser trabajadores o empresas.

En el caso de las empresas fantasmas sus principales características es que son medianas a pequeñas, hablando de su margen de ganancia, realizan subfacturacion, no tienen a todos sus empleados declarados ni declaradas su horas de trabajo, puesto, etc. Estas empresas no tienen acceso a créditos ni a subsidios estatales. No tienen una estructura para evadir impuestos y fugar divisas a guaridas fiscales. En en cada paso que dan arriesgan prácticamente todo. Cada vez que quieren o necesitan ampliarse, deben recurrir al financiamiento propio. Tampoco emiten obligaciones negociables. Otra vez fantasmas, estado y pandemia.

Estas empresas generalmente son de constitución familiar, situación la cual no contempla la legislación, es algo que sucede pero que la legislación omite. No hay un encuadre para hijo,hija, hermano, tío, etc. Quedan fuera del sistema jubilatorio, obra social, etc. De acuerdo a la ley laboral deberían ser considerados empleados en relación de dependencia. Pero no son empleados. Esa es la realidad, no son empleados, y esa es la esencia de una empresa familiar.

Como se dijo los trabajadores también pueden ser fantasmas. Para explicarlo de mejor manera utilizaremos el ejemplo de un trabajador registrado por temporada. El mismo tiene un alta temprana, ya que trabaja desde enero a marzo. Supongamos que cobra de acuerdo a ley esos tres meses. Luego ya no tiene trabajo pero queda con reserva de cargo. Para el estado es entonces un trabajador, pero oh!, no percibe salario durante nueve meses. Algún distraído diría que vive de lo que ahorra en esos tres meses, bueno, no es así, durante el resto del año hará changas para sobrevivir.

Es así como este universo, se transforma en un fantasma para el estado (puede que el fantasma le genere un aire helado, pero sigue sin verlo), para la pandemia no existe esta división entre mundos.

Las medidas tomadas desde el inicio de la cuarentena debido a la pandemia COVID-19, no hicieron más que confirmar esta idea.

La reapertura del clearing bancario, sin haber lanzado una linea de créditos reales para que las empresas hagan frente a sus cheques; sino tenían liquidez, durante los primeros días, menos tendrán ya en el medio de la cuarentena, sobre todo los sectores que tienen vedada su actividad. Fantasmas, estado y pandemia.

La falta de decretos o leyes que prohíban los cortes de servicios públicos o vitales, para las empresas. La prohibición de cortes es solo para ciertos casos de particulares. A eso sumarle la falta de reflejos con el sistema de facturación que se habilitó a utilizar a las empresas de servicios públicos que no tenían permitido tomar lecturas. En este punto lo más sabio hubiera sido, posponer todos los vencimientos al menos 90 días y listo. Ninguna de esas empresas se hubiera fundido ya que vienen de varios años de ganancias extraordinarias a diferencia de las PYMES. Y si alguna hubiera tenido problemas que lo hable con quien corresponda en el gobierno. En cambio ahora todas las PYMES están en problemas.

La perfecta gambeta que se hizo a los trabajadores en gris y sus empleadores (fantasmas), fue colosal, exacerbó la tensión empleado-patrón a niveles insanos. Estos empleados escuchaban por los medios que el estado les pagaría 50 % del salario, pero en la práctica, al no tener aportes realizados en determinado período, no les corresponde este beneficio. Es así que sus empleadores quedan en el fuego de no tener dinero para afrontar los salarios por que no están trabajando, y en el reclamo del empleado que dice que el estado ya le pagó al empleador. Terrible conflicto.

Sumemos a eso que los créditos a 24% de tasa, requieren en la práctica, (al menos en algunos bancos privados), que el empleado tenga una cuenta suelda activa, y sino la tiene que se le abra una y que el empleador deposite $ 3000, para iniciar con el pedido del crédito. Estamos todos locos, no se puede dejar al capricho de una empresa privada como los bancos la forma de actuar en un momento tan crítico. Ni hablar de la reducción del 95% en los aportes patronales, que cuando se saca la cuenta disminuye un F-931 en no más de un 10%.

El manejo de la situación sanitaria es, a todas luces excelente, teniendo como parámetros los números de víctimas en otros países. La estrategia de ganar tiempo funcionó. Es una lástima que no se haya hecho lo mismo con la economía real. De haber congelado, vencimientos, clearing, tarjetas de crédito, etc, las PYMES y los empleados hubieran tenido liquidez hasta que el estado pudiera implementar medidas para que la cosa funciones de manera más o menos armónica. Se puede leer https://untema.com.ar/2020/05/21/las-pymes-y-la-vida-real/ para más información.

Fantasmas, estado y pandemia.

Esperemos que todo este pandemónium sirva para que de una vez por todas , el estado, mediante nueva legislación y normativa, visibilice primero y saque luego a esta gran porción de la población de esta situación. Que el coktel fantasmas, estado y pandemia no sea recordado como el fin de muchos sueños. Porque hay muchos actores que existen, pero que son atravesados por todas las políticas, como seres sin sustancia, sin comerla ni beberla. Pero claro, esto solo le pasa a los fantasmas.

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