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¿Por qué no confiamos en lo público?

Generalmente nuestra sociedad está a favor de lo público. Esto queda demostrado en la existencia de un sistema público de salud, educación, ciencia, seguridad, transporte, etc. Todo financiado por el estado, es decir por todos, por los que lo usan y por los que no los usan.

Entonces si esto es así, ¿Por qué no confiamos en lo público? Me refiero a que cuando uno tiene la posibilidad manda a sus hijos a una escuela privada y contrata una prepaga de salud.

La respuesta puede ser que, lo público no está pasando por su mejor momento y que quienes pueden acceder a algo mejor lo hacen. Seguramente el ciudadano hace una evaluación del asunto y decide que ciertos servicios públicos no cumplen con los estándares que desea.

No solo salud y educación pública

Salud y educación son los dos temas que marcan y definen esta problemática de mejor manera.

Hasta el gobierno de Menem, la nación tenía a su cargo entre otras cosas, la salud y la educación. En ese momento se transfirieron la las provincias. Son excepción las escuelas y hospitales nacionales. Es así que cada gobernador es el responsable por la calidad en estos temas.

Muchos otros servicios públicos fueron privatizados durante los 90. Y lamentablemente vemos que, por ejemplo Telecom no función mucho mejor de lo que lo hacía Entel, el correo terminó volviendo al estado, etc. Todo esto hace reflexionar si realmente el problema es que si es público o privado.

La pérdida de estas competencias por parte del estado nacional deterioró de manera determinante estos sistemas públicos. Por otra parte la falta de visión de los gobernadores y las crisis económicas conformaron un cóctel explosivo.

Islas públicas de calidad

Fuera de debate queda la educación universitaria. En esta instancia de alguna manera las universidades públicas se las ingenian para seguir produciendo profesionales y conocimientos. Por supuesto que a costa de una histórica lucha contra los recortes financieros.

Queda evidenciado también en el enorme contraste que sufren los alumnos al pasar del secundario a la universidad. Lo que debería ser natural, se transforma una tarea titánica, ya que la calidad educativa de la secundaria generalmente no está a la altura de la educación superior.

Ni hablar del sistema científico argentino, que a pesar del ataque sistemático de ciertos sectores políticos y su desfinanciamiento, ha logrado siempre destacar a nivel mundial (premios Nobel incluidos). El sistema nuclear, satelital y tantos otros sectores públicos que siempre dieron la pelea por su subsistencia y sin dejar de brillar.

La economía de lo privado

Esta falta de confianza en lo público (y con razón en lo que es calidad), tiene un impacto económico en el bolsillo de la gente. Porque imagínese el dinero que un ciudadano ahorraría sino se tuviese que preocupara por pagar la cuota de la escuela o de una prepaga.

Es decir, que por más que puedas pagar estos servicios privados, hacerlo te empobrece porque tus ingresos se ven disminuidos en un rubro que nuestra Constitución Nacional obliga a garantizar al estado. Esto fomenta la desigualdad  y aumenta la porbreza de la que se puede leer en este artículo https://n9.cl/6s8f.

Empezar por el tema económico es obvio. Pero no suficiente.

El sistema debe incluir a todos, pero sobre todo no debe perder a los mejores docentes y a los mejores médicos. Debería haber una gran competencia por ser docente (así lo es en todos los sistemas educativos exitosos), premiar a quienes más estudiaron, mayor grado alcanzaron, más se especializaron. En el tema medicina, es diferente en ese aspecto por las exigencias formativas que ya parten de un título universitario. Pero en el campo docente, mientras no haya un buen incentivo económico, no podremos estar seguros de que contamos con los mejores.

El tema infraestructura no puede ser desentendido, no se debe curar ni enseñar en malas condiciones. Además los edificios son un símbolo de cómo funcionan los sistema. Basta de edificios destruidos, fríos y semi-abandonados, tiene que crecer una cultura del cuidado de lo público.

Respuesta pública

Toda persona de bien está deseosa de confiar en lo público, porque sabe que puede ser de calidad, porque sabe que en algún momento lo fue.

Es tarea de los gobernantes y dirigentes volver a jerarquizar todo lo público, para que el pueblo vuelva a confiar y vuelva a sentirse orgulloso. Porque el poder está en sus manos. Y que ya nadie vuelva a preguntar: ¿Por qué no confiamos en lo público?

Entonces el desafío como sociedad es elegir y exigir a nuestra clase dirigente que se haga cargo de estas prioridades para que si alguien quiere elegir un servicio privado, mínimo lo dude y no por el precio, sino por la calidad.

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