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Viaje a Machu Picchu, Cuzco-Arequipa

Después de haber cumplido el máximo objetivo del viaje, luego de regresar de Machu Picchu, nos quedamos un par de días más en Cuzco. Luego comenzamos el regreso. Desde allí tomamos un colectivo a Arequipa.

Antes de salir compramos provisiones para el viaje. Recuerdo haber comprado dos leches chocolatadas larga vida. Lo que no compramos fue mucha agua. El viaje fue tal vez el viaje más movido de mi vida. Era una coctelera constante. Es así que por la mañana cuando quise tomar un medicamento, y al no tener agua, abrí la última chocolatada. Yo no sé si fue mala suerte o qué pero, me meto la pastilla, abro la leche, le meto un trago, y ¡¡¡estaba cortada!!! Siempre lo atribuimos al movimiento del colectivo por toda la noche.

Ciudad de Arequipa.

Es así que llegamos a Arequipa. Una ciudad muy distinta todo lo que habíamos vista. Bien amplia, de colores claros, otro aire. En Arequipa nos quedamos solo una noche, antes de seguir viaje a Tacna, la última ciudad peruana antes de Chile.

Puesto fronterizo chileno.

En la terminal de Tacna, contratamos un taxi para cruzar la frontera a Arica. Ese tramo fue glorioso. Después de tantos días en la cordillera de los Andes, humedad y frío, llegabamos al desierto de Atacama y al mismo tiempo al océano Pacífico.

Además el taxi era un auto americano, de esos enormes, con música y el viento del mar por las ventanillas, inolvidable. En Arica una parte de los chicos con los que viajábamos se separó ya que se venían directo en un colectivo hasta Córdoba. Nosotros con el resto, no íbamos a San Pedro de Atacama.

Es así que pasamos todo el día en la playa, hasta la noche que salí el colectivo. Después de tantos días inmersos en la cultura andina y del altiplano, nos sentíamos en un lugar mucho más afín a nuestra cultura. Así que estábamos muy contentos. Nos metimos al mar, ahí me terminé de curar de las anginas que tenía desde Bolivia y la pasamos muy bien.

Océano Pacífico en la ciudad de Arica.

Es así que por la noche partimos otra vez hacia la cordillera de los Andes. El viaje fue muy tranquilo salvo por un frontera sanitaria del algún tipo, que nos obligó a bajar del micro en la madrugada.

A la mañana temprano estábamos en Calama, desde allí salía el colectivo a San Pedro. Estaba todo cerrado, así que dimos una vueltas hasta que abrieron los negocios, compramos provisiones, sobre todo gas para cocinar.

Calama, muy temprano en la mañana.

Llegamos a San Pedro, en el corazón del desierto de Atacama. Los precios del pueblo era exorbitantes, en relación a lo que veníamos acostumbrados. Es así que fue la única vez que usamos la carpa que habíamos traído hasta ese momento al vicio. Conseguimos un camping muy rústico y ahí nos instalamos. La carpa era para 3 pero éramos 4. Por suerte de noche hacía mucho frío en el desierto.

El pueblo era irreal, estaba plagado de extranjeros. Había muchos bares, y por la tarde se cortaba la luz hasta el otro día.

San Pedro de Atacama.

Al no ser grande, recorrimos el pueblo en poco tiempo. Era muy vistoso y primitivo.

Iglesia de San Pedro de Atacama.
Interior de la Iglesia de San Pedro de Atacama.

No pudimos ir a los geíseres del Tatio, ya nos quedábamos sin plata y Chile nos resultaba caro. Así que decidimos poner fin al viaje y solo volver a casa.

Feria artesanal de San Pedro de Atacama.

Estuvimos solo una noche, al otro día nos separamos finalmente de los otros chicos con los que viajábamos y seguimos solos la última etapa del viaje.

Fuimos a la salida del pueblo temprano para ver si podíamos conseguir algún camión que nos lleve hasta Argentina. No tuvimos suerte. Terminamos consiguiendo un colectivo que venía en tour de compras hasta Iquique. El mismo nos cobró u$s 5 por cada uno. Y después de un rato ya estabamos en camino.

Allí hay una gran cuesta de muchos kilómetros. Pensábamos que el colectivo no iba aguatar, por suerte aguantó. Se terminó el asfalto y entramos a Argentina. Ahí nos contaron que en esa zona había minas personales puestas por los ejércitos en las épocas de conflictos entre Argentina y Chile.

El camino del lado argentino estaba en obras. Así que tardamos mucho tiempo hasta llegar al puesto de control argentino. Ahí nos bajamos a que nos sellen la entrada. Y comprobamos con asombro, como los choferes de camión paraguayos que estaban esperando cruzar, no sabían ni leer ni escribir, y manejaban por nuestro territorio. Traían principalmente autos usados desde Asia. En Argentina está prohibida la importación de autos usados.

Paso de Jama.

Debido a los días que habíamos pasado en la altura, no tuvimos ningún síntoma de apuntamiento al cruzar el paso de Jama. Este paso tiene zonas de más de 4000 msnm.

Finalmente llegamos a Susques, ahí el coordinador del colectivo nos hizo bajar. No nos quiso llevar más. Así que nos quedamos regalados en el medio de la Puna argentina. Por suerte averiguamos que por ser viernes, venía un colectivo a buscar a las docentes que regresaban a Jujuy, así que tomamos un colectivo semi vació que nos llevó a través de la quebrada de Humahuaca hasta Jujuy.

Vista de la ciudad de Susques. Argentina.

Llegamos tarde a Jujuy, no me acuerdo bien en donde nos bajó el colectivo, pero tomamos un taxi y les dijimos que nos lleve a un buen hotel. Estábamos demolidos. A mí se me partía la cabeza. Así que por primera vez en días dormimos en un buen hotel. De allí nos fuimos a comer una parrillada. ¡Cómo extrañábamos la carne! Estábamos reventando la poca plata que nos quedaba.

Plaza principal de la ciudad de Jujuy.

Después de dar una vueltas por la ciudad, decidimos ir a hacer dedo para ir volviendo. Nuestro fuerte no es hacer dedo. Así que después de perder toda la mañana nos fuimos a la terminal de ómnibus para tomar un pasaje directo a Córdoba.

Allí nos encontramos con un amigo que por algún motivo que no recuerdo también estaba esperando un colectivo. Esperamos toda la tarde, hasta que el micro salio para Córdoba. Llegamos por la mañana a la terminal. De ahí nos tomamos otro micro hasta Valle Hermoso.

Había terminado mi único viaje de mochilero. Si bien nunca logramos viajar sin pagar, las mochilas pesaban un montón.

En la terminal de Jujuy nos encontramos con Javier, un amigo de Valle Hermoso.

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