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Viaje a Machu Picchu, La Paz – Cuzco

En nuestro periplo a Machu Picchu (su comienzo está en este link), hicimos la primer parada importante en la ciudad de La Paz. Capital de Bolivia. De allí iríamos lo más directo posible a Cuzco.

Después de que se nos pasaron los síntomas de la puna, arrancamos a conocer la ciudad. Recuerdo que se nos rompió la máquina de fotos. En esa época las cámaras usaban rollo. Así que tuvimos que hacer un gasto inesperado, comprar una nueva cámara.

Lo que más me impacto de la ciudad, fue el Mercado de las Brujas. El mismo quedaba sobre una calle secundaria, y en realidad no brujas, sino insumos para rituales. Por mala suerte el día que fuimos no era el día de mayor concurrencia y no había muchos puestos abiertos. Pero de todos modos ver los fetos de llama, pociones, ranas secas,  y las plantas medicinales utilizadas por los yatiris (chamanes o brujos) en los rituales de Los Andes, es una experiencia potente.

Mercado de la Bruja. La Paz.

Después de todos los días de estar en la ruta comiendo comidas típicas, lo más conocido que vimos a nuestra comida fue un Mc Donalds. Era mucho más caro que cualquier otra cosa, pero nos metimos corriendo.

Pasamos mucho tiempo descansando en el hostel y yendo y viniendo a la plaza principal que quedaba cerca. La plaza rebosaba de vida. Las bebidas y alimentos se vendían a raudales y sin ninguna norma sanitaria, por los vendedores callejeros. Era tal la diferencia respecto al cuidado de los alimentos que nos impactó profundamente. Al igual que el gran uso de los espacios públicos por parte de la población.

Plaza principal de La Paz.

El hostel donde nos alojamos, estaba ubicado en una antigua casona reformada, como éramos 6, teniamos una pieza privada para nosotros solos. El único detalle era que el baño no tenía puerta sino una cortinita. Hay fotos de eso pero son estrictamente privadas.

En el hostel había más turistas argentinos, así que de ahí surgió la posibilidad de alquilar una combi que nos llevara hasta el lago Tititaca y luego nos dejaran en Puno, ya del lado de Perú, para seguir viaje a Cuzco. Es así que salimos para la ciudad de Copacabana a orillas de lago navegable más alto del mundo que es compartido por Perú y Bolivia.

De La Paz a Copacabana

Antes de subir a la lancha en Copacabana.

A pesar de ser verano hacía bastante frío y el clima esta muy inestable. Después de que la combi nos dejó, tuvimos que tomar una lancha muy rudimentaria que nos llevó hasta la isla del Sol. La lancha anduvo largo rato antes de llegar a la Isla del Sol.

Escalera en la Isla del Sol.

La Isla del Sol es muy accidentada, por lo que llegar desde el puerto hasta el poblado requería subir unas escaleras muy empinadas y largas. Es la segunda vez que quise abandonar mi mochila. Pero finalmente no lo hice, y después de una larga agonía llegamos al destino.

La isla tiene dos sectores, el Norte y el Sur. En el Norte se encuentran las ruinas arqueológicas. Nosotros buscamos alojamiento en el sur.

Vista parcial de la Isla de la Luna tomada desde la Isla del Sol.

El precio que pagamos la habitación es inolvidable. Pagamos un peso cada uno, y lo hicimos con monedas de un peso argentino. Está bien que la habitación no tenía baño privado. En vez de cerradura tenía un candado. No tenía interruptor de luz, y a la lamparita había que desenrroscarla para apagarla. El baño quedaba afuera y se limpiaba con el agua de un tacho de 200 litros. Todo el poblado estaba muy embarrado. Eran pequeñas callecitas bordeadas por pircas de piedras y viviendas muy sencillas. Esa noche hizo un frío terrible. Al otro día estaba todo congelado.

Construcción típica de la Isla del Sol.

Como el sector norte quedaba medio lejos, contratamos entre varios una lancha que nos lleve hasta los sitios arqueológicos y luego nos regresara a Copacabana. Llovía mucho. Hacía frío. Pero en un kiosko del sector norte encontré un teléfono del que pude llamar a mi casa. En esa época eso era increíble.

Caminamos, nos mojamos y conocimos las ruinas. Luego volvimos a la lancha. El lago estaba realmente picado, todo se movía y entraba lluvia por todos lados. En esos días se me pudrió el pantalón vaquero y se me desarmaron las botas de trekking. Pero finalmente llegamos para el almuerzo a Copacabana. Después de unas discusiones con quienes nos tenían que llevar a Puno, comimos en un lugar muy lindo, algunos probaron ceviche, pero nosotros con Lucas, cuando no la teníamos muy clara comíamos la comida que más cocción tuviera. En ese caso la carne estaba durísima, pero algunos de los que comieron pescado terminaron intoxicados.

De allí cruzamos la caótica frontera entre Bolivia y Perú. Después de conseguir transporte a Cuzco, tuvimos que esperar un buen rato. Estábamos más cerca de Machu Picchu.

Lucas y yo con el resto del grupo que se había armado en Yacuiba.

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